A veces el frio de Bogotá no puede contenerse ni siquiera estando en casa; Samuel sabe bien de eso, pues en el apartamento en el que ha vivido toda su vida con su abuela y su mamá parece como si las paredes no existieran… el frío de la calle se cuela por cualquier parte, y de no ser por ese extraño “calor de hogar”, aquel apartamento sería insoportable.
Sin embargo, ese frio lugar es la sede de la empresa familiar que maneja Samuel junto con su mamá desde hace tres años, cuando ella se quedó sin trabajo y él tuvo que posponer sus estudios de posgrado fuera del país para ayudar a su familia a salir adelante. Para cualquiera el hecho de “abandonar” su sueño hubiera significado un enorme sacrificio y quizá una profunda frustración; pero Samuel es un hombre diferente.
La empresa de su familia marcha bastante bien, aunque ha sido difícil lograr lo que tienen hasta ahora, su mamá, su abuela y él no han dejado de trabajar ni un solo día para alcanzar sus metas. La jornada de ellos tres empieza muy temprano, cuando hace mucho frío afuera, mucho frío adentro, y el cielo todavía está oscuro. A partir de ese momento la abuela y la mamá se encargan de tejer manteles y cubre lechos; mientras Samuel hace un poco de todo: sale a entregar pedidos, busca nuevos clientes y atiende a los antiguos, lleva la contabilidad de la empresa, etc. Sin duda es un trabajo desgastante, y más si se toma en cuenta que son sólo tres personas conduciendo una empresa que requiere algo más de personal.
Samuel sabe eso, y ha intentado convencer a sus tíos y demás familiares de que trabajar con ellos es una buena opción para independizarse y recibir un salario digno, además de la posibilidad de darles una mano a ellos tres, que tantas veces sienten que el trabajo –afortunadamente- los sobre pasa. Pese a esto, ninguno de ellos ha querido ayudarles, en su lugar han tratado de demeritar sus esfuerzos. Especialmente Julio, el mayor de los hermanos de su mamá, ha criticado su trabajo cada vez que la oportunidad se le presenta.
Sin embargo, para sorpresa de muchos, en especial de Julio, la empresa de Samuel, su mamá y su abuela ha crecido a pasos agigantados y genera tan buenos ingresos que ellos tres ya piensan incluso en comprar el lote de tierra junto a su apartamento para tener más espacio, más tecnología, y más oportunidades de seguir creciendo. Después de tanto tiempo, todo lo bueno que habían sembrado empezaba a dar sus frutos; la felicidad y la tranquilidad que se respiraba en aquel apartamento bogotano generaba una sensación de calor que derretía casi por completo el hielo que permanentemente se sentía.
Todo lo contrario le pasaba a Julio. De un tiempo para acá su trabajo dejaba mucho que desear, y cómo su salario dependía de la cantidad de clientes que solicitaran sus servicios como contador, pronto empezó a verse abrumado por las deudas, las llamadas de los bancos, las cuentas por pagar en su casa, etc. Entonces Julio tomó la decisión de renunciar y hablar con su mamá para que convenciera a Samuel y a su hermana de que lo dejaran ser socio en su empresa.
A ninguno de ellos les gustaba la idea, sin embargo, sabían de la situación regular por la que atravesaba Julio y decidieron aceptarlo en su empresa. Es decisión sería la más importante de sus vidas.
Tan pronto como Julio entró a la compañía quiso cambiarlo todo; él tenía la idea de que por haber trabajado algunos años en un cargo relativamente importante en una compañía multinacional, debía ser quien de ahora en adelante tomara las decisiones y manejara la empresa. Sin embargo sus pretensiones iban en contravía con los principios de la empresa, y peor aún con los principios de su mamá, su hermana y su sobrino, inevitablemente, los clientes empezaron a notar los cambios en la administración, en la calidad de los productos, en el trato… en todo.
Una mañana, uno de los clientes más importantes que tenía Samuel, su mamá y su abuela; invitó a Samuel a tomar un café, por alguna razón estaba interesado en saber qué pasaba con su empresa, sin embargo, ese fue el tema que menos tocaron… aquel cliente estaba sentado frente a un joven que tenía la voluntad necesaria para convertir una empresa de tres personas en una marca importante y reconocida en tan solo tres años. Estaba sin duda frente a un hombre que cualquier empresa quisiera tener, él no tuvo que pensarlo mucho para hacerle una importante propuesta laboral a Samuel.
Cualquiera hubiera aceptado aquella propuesta de inmediato, pero Samuel no es como cualquier otro, y una vez lo demostraba. Él sabía que nada de lo que había conseguido era mérito de él solo, sino de dos mujeres más que no sólo habían sacado una empresa adelante, además lo habían formado a él como un hombre de principios. Así se lo hizo saber a su cliente. Por algún motivo que él no comprendía bien, sentía ganas de ayudar a aquel joven, pues era evidente que de seguir en la misma empresa con su tío, esta historia no iba a terminar bien.
El cliente le hizo una nueva propuesta a Samuel; él a su vez se la comunicó a su madre y a su abuela, y al día salieron del apartamento y lo dejaron, junto con la empresa, a nombre de su tío. No pasó mucho tiempo antes de que la empresa quebrara, y aquel apartamento -hogar de los sueños de Samuel- quedara abandonado; desde el momento en el que Julio lo ocupó, el frío se había hecho más insoportable que nunca, aquel apartamento se había hecho prácticamente inhabitable.
Samuel, su mamá y su abuela abordaron un avión con destino a España… hoy son dueños de una de las empresas europeas más importantes de confección de manteles, y de una casa frente al campo que sin importar las estaciones, siempre permanece con la temperatura adecuada.