viernes, 11 de febrero de 2011

Cosiendo Sueños

Jimena viaja como todos los días de su casa a su sitio de trabajo, una fábrica de costura mediana, en la que ella es la encargada de poner los últimos detalles a las prendas: pegar botones, ajustar cremalleras, etc. Para todos los demás, las aspiraciones de Jimena acaban cuando acaba de pegar un botón, sin embargo, los sueños de esta bella jovencita son tan grandes como ella les permite ser.

Como buena soñadora, Jimena transforma cada parada del autobús es el escenario perfecto para imaginarse a ella misma luciendo alguna de sus creaciones. Jimena lo siente todo, la tela, las luces, el humo, los gritos, los aplausos, los flashes de las cámaras fotográficas, todo. De repente, la gente común se trasforma en el selecto grupo de importantes empresarios que suele asistir a desfiles importantes; el pasillo del autobús muta en una majestuosa pasarela, el ruido de la calle se vuelve el ambiente controlado de un evento social exclusivo. Jimena, aquella joven que va sentada en una silla de autobús, con la mirada iluminada, se convierte en una modelo encantadora, maniquí de sus propias creaciones que tienen maravillados a los asistentes. Todo en ese mundo creado por ella, es perfecto.

Sin embrago, el recorrido de Jimena termina, y con él, la fantasía que se estaba imaginando. Por el momento el único mundo que le pertenece es el de su puesto de su trabajo, sus botones, sus hilos, sus tareas “irrelevantes”. Pero eso es sólo por el momento.

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